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Como alternativa laboral, el empleo en plataformas muestra signos de agotamiento

Un reciente informe sobre el trabajo en las plataformas muestra que esta modalidad de empleo comienza a dar señales de agotamiento como alternativa laboral. Indica que mientras los ingresos promedio se estancan, el costo de vida asciende. Y que esta dinámica responde a dos factores que, como pinzas, asfixian a este tipo de actividad: de …


Un reciente informe sobre el trabajo en las plataformas muestra que esta modalidad de empleo comienza a dar señales de agotamiento como alternativa laboral. Indica que mientras los ingresos promedio se estancan, el costo de vida asciende. Y que esta dinámica responde a dos factores que, como pinzas, asfixian a este tipo de actividad: de un lado, la demanda de estos servicios crece menos que antes; del otro, cada vez son más los que toman un volante para reemplazar un ingreso perdido o agregar uno más.

El trabajo en las plataformas no tiene estadísticas oficiales, tampoco privadas. Su opacidad es total. Pero los analistas del mercado del trabajo coinciden en señalar que ha actuado como un colchón de empleo que evitó que las estadísticas de desempleo se dispararan a niveles de dos dígitos. Por la forma como el Indec hace la consulta sobre el empleo, cualquier persona sin trabajo estable que haya dedicado unas pocas horas en la semana a ocuparse con una aplicación figurará como empleado. Y si paga monotributo, será un empleado registrado.

Pero el informe de la Fundación Encuentro expone las dificultades que ya son moneda corriente entre los trabajadores de aplicaciones para conseguir ingresos suficientes como para solventar los gastos cotidianos, no ya los extraordinarios.

Viajes y más viajes

Los autores del estudio generaron un Coeficiente de Alcance del Pedido Promedio (APP) para establecer una relación objetiva entre el valor que cobra un repartidor por pedido –sin incluir propinas– y distintos umbrales de costo de vida. Ese coeficiente arrojó que un repartidor debió concretar 461 pedidos mensuales para alcanzar un ingreso que lo mantuviera a él y a su familia de cuatro integrantes por encima de la pobreza.

El cálculo surgió del análisis del valor de los pedidos a las aplicaciones Rappi y PedidosYa. El promedio arrojó que el valor que el repartidor cobró por pedido fue de $ 2553,60. El promedio tuvo en cuenta los diferentes tipos de vehículos, pedidos y horarios.

Concretar 461 pedidos al mes equivale a realizar 15 entregas por día, todos los días del mes, sin francos. Medidas en tiempo, esas 15 entregas equivalen a una jornada de entre diez y once horas ya que cada entrega se realiza en alrededor de 45 minutos en promedio.

Esta es la foto de septiembre. Pero respecto de julio, apenas dos meses antes, fueron necesarios onceviajes más, equivalente a un 2,5% de incremento en la cantidad de esfuerzo físico necesario para alcanzar el mismo nivel de ingresos. Esto se debió a que mientras el valor del pedido promedio se mantuvo prácticamente estable mes a mes, el costo de vida siguió escalando por encima del 2% mensual.

Ahora bien, si los costos vinculados a concretar un viaje subieron por la inflación (costo de combustible y repuestos, también el precio de los productos que se transportan), ¿por qué lo que cobra el repartidor se mantiene casi estable?

Acá pesa la concurrencia de repartidores y choferes. El precio de un viaje se resuelve, en parte, por la oferta y la demanda. Si hay muchos choferes disponibles para llevara delante un viaje, el precio del momento tenderá a bajar; por el contrario, si son pocos, su tendencia será en ascenso.

La falta de estadísticas no permite conocer cuántas personas están hoy subsumidas en el régimen de trabajo de aplicaciones. Se podría decir que son “varios cientos de miles”, sin posibilidad de aproximar un dato más concreto. En los últimos años, diversas organizaciones, desde el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hasta CIPPEC, han tratado de bucear en esas aguas cenagosas, sin resultados palpables.

Por otro lado, diversas fuentes informales y encuestas en restaurantes y casas de comida hablan de una menor demanda de pedidos para delivery, lo que sería congruente con la caída real de los ingresos (salarios y jubilaciones). Pero nuevamente, la falta de estadísticas confiables oficiales tira abajo cualquier posibilidad de elaborar un diagnóstico real y concreto.

Pero hay una fuente más: los propios empleados de las plataformas, que en el último tiempo, ante la consulta de los medios, vienen declarando que a ellos tampoco les «alcanza» con los viajes que hacen, que cada son más los repartidores en la calle y que los pedidos no son tan abundantes como un par de años atrás.



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