Hay industriales que aplauden de pie el rumbo económico del gobierno de La Libertad Avanza y otros que ven la repetición de una película que siempre termina mal.En la ancha avenida del medio, una tercera clase, quizás mayoritaria, pondera el ajuste, con toda su brutalidad a la vista, con la creencia difusa de que “era …
Despidos masivos y cierres en el país de los industriales sin industria

Hay industriales que aplauden de pie el rumbo económico del gobierno de La Libertad Avanza y otros que ven la repetición de una película que siempre termina mal.
En la ancha avenida del medio, una tercera clase, quizás mayoritaria, pondera el ajuste, con toda su brutalidad a la vista, con la creencia difusa de que “era lo que había que hacer” en el país, pero a la vez ruega clemencia política para evitar que su propio negocio se venga abajo, como tantos otros a lo largo y ancho del país.
El deterioro de la industria argentina no es nuevo, pero esta semana, la decisión de la compañía Whirlpool de desactivar su producción local para transformarse en importadora generó una conmoción que reavivó el debate sobre el sentido de la política industrial del gobierno de Javier Milei.
Frente a la gravedad del caso, que incluía el lamentable saldo de 220 despidos, estallaron las preguntas: ¿Qué piensan los industriales del industricidio? ¿Qué estrategias aplican para evitar el desastre? ¿Qué diferencias los alejan de una solución de corto plazo?

Desafío
Si faltaba una definición sobre el sentido que tiene para el gobierno la política industrial, el secretario de Coordinación de Producción, Pablo Lavigne, la dio con claridad unos días antes, cuando aprovechó un evento de la UBA para soltar que “la mejor política industrial es la que no existe”.
No se sabe si el funcionario pecó de descontracturado o si buscó la visibilidad que logró la definición, pero la polvareda fue tanta que después pasó calor intentando explicarse.
En realidad, ese día, además de la frase de la polémica, repitió otros lugares comunes de la retórica neoliberal, como el que postula que “hay una sobreestimación de la capacidad estatal” o el que asegura que el Estado “corre de atrás” frente al dinamismo del sector privado. Todo muy coherente con el discurso y el enfoque político del gobierno en relación a la industria nacional.
Lo de Lavigne se leyó como una respuesta del gobierno a Paolo Rocca, CEO de la corporación Techint, que cuatro días antes declaró en un evento de la Unión Industrial Argentina (UIA) que en la Argentina “tenemos que volver a hacer política industrial. Para el gobierno es una mala palabra, pero el mundo va a hacia la protección de sus capacidades estratégicas”.
Para la dirigencia industrial, la elección de “un funcionario de segunda” para responderle al industrial más importante del país fue una provocación del gobierno y estuvo lejos de ser una respuesta considerada. Muchos vieron el movimiento como una declaración de principios en relación al sector, con toques de agresividad llamativos.
Los industriales se prendieron en el debate, pero esta vez con los perros rabiosos, voceros, segundas y terceras líneas, sin exponer a figuras.
En las bases quedó sabor a poco. El gobierno nunca corrigió los conceptos de Lavigne y la reacción del empresariado, sin el fogoneo de los altos mandos, se diluyó en la formalidad exagerada y en el análisis en off, que para muchos, como respuesta, fue corta.
En el medio, el bombazo de Whirlpool ganó espacio en los medios nacionales y se convirtió en un reflector que visibilizó casos parecidos en todo el país: cierres de fábricas, transformaciones forzosas y siempre despidos, muchos despidos.
El combo mete presión de cara a fin de año y la pregunta sobre el pensamiento de los industriales ante el abandono político del sector resuena cada vez con mayor intensidad.
Una muestra es el cambio discursivo de la Unión Industrial Argentina (UIA). Su titular, Martín Rappallini, esbozó durante el Coloquio de IDEA, antes de las elecciones del 26 de octubre, un reclamo por el valor del dólar, algo que quedó completamente olvidado durante la 31a Conferencia Industrial, realizada dos semanas atrás.

Primero las reformas
Así como hay referentes de la industria que señalan que no se hizo lo suficiente para cuestionar el direccionamiento de la política nacional para el sector, hay otros que ven una oportunidad única para generar las condiciones básicas para el desarrollo de las empresas nacionales.
El empresario Martín Cabrales, hombre de la industria alimenticia, titular de la marca de café homónima y vicepresidente de la UIA, analizó la situación de la industria argentina como heterogénea.
Cabrales consideró que el impacto negativo de la política nacional en las industrias no es generalizado y que la solución de los problemas estará condicionada por las políticas para reducir los costos locales.
“Hay que trabajar en el costo argentino -expresó a Tiempo-. Tenemos que ser competitivos y para eso necesitamos las reformas estructurales, laboral y tributaria, para concretar la modernización. También es necesario terminar con la litigiosidad”.
Cabrales argumentó que de haber estado vigentes las reformas, posiblemente la situación de Whirlpool hoy sería diferente: “No sé si se hubiera cerrado la fábrica”, sugirió.
El empresario destacó la necesidad de revitalizar el mercado interno, de mejorar el acceso al crédito y de cuidar a las pymes, pero priorizó la aprobación de las reformas que el oficialismo intentará votar en el Congreso de la Nación en sesiones extraordinarias en diciembre.

Crisis a la vista
A contramano, para las pymes la aprobación de las reformas laboral y tributaria, además de no ser prioritaria para poner a funcionar el aparato productivo, anticipa un cataclismo social.
El presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, explicó que “es un grave error poner las reformas por delante de todo. A (el ex presidente, Mauricio) Macri le advertimos que la apertura de las importaciones iba a destruir a la industria y que después iba a venir una crisis. Macri perdió en 2019 porque la gente se cansó y acá va a pasar lo mismo”, vaticinó el empresario.
Rosato reconoció que en la actualidad está en desarrollo el sector energético que puede dar sustentabilidad a la economía los próximos años, pero remarcó que ese sector no es generador masivo de empleo y que las empresas que operan ese negocio no se proveen localmente, lo que puede encadenar problemas mayores a futuro: “Cuando cierra una industria, cierran tres comercios”, graficó a este medio.
Frente a la gravedad de la situación y la proximidad del aguinaldo que, según el titular de IPA, un 30% de las pymes no estaría en condiciones de pagar, la entidad fabril reclamará un paquete de promociones con tarjetas de crédito para incentivar el consumo y líneas de crédito para las pymes con tasa de un dígito.

Ánimo
Las pymes están acostumbradas al desdén que les suelen prodigar los funcionarios de turno, pero últimamente se sorprenden con el trato que reciben algunos de los grandes.
La impresión es que es muy clara la decisión política de marginalizar a la industria en el teatro de las relaciones institucionales, incluida la gran industria y el cacique más pintado. Al menos así lo ven desde los sectores más débiles de la producción fabril y el efecto que confiesan es de un gran impacto anímico: “El destrato también es con Techint y eso es grave. Lo peor es que del otro lado hay un ánimo de no confrontar por miedo”, se escuchó decir.
Para Cabrales, en cambio, el ánimo es de paciencia activa: “Los industriales estamos expectantes, colaborando para que se produzcan los cambios. Creo que en 2026 va a haber cambios positivos. El presidente dijo que somos héroes. No sé si es para tanto, pero seguimos creyendo. Tengo planes de seguir creciendo y mi empresa sin duda va a estar en el país dentro de diez años”.
Paraguay quiere pymes
El gobierno del Paraguay organizó esta semana en Buenos Aires una reunión con pymes industriales argentinas con el objetivo de tentarlas a trasladar sus negocios del otro lado de la frontera y producir para exportar a diferentes mercados del mundo.
Uno de los convocados fue Daniel Rosato, presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), quien asistió y escuchó la propuesta de primera mano, junto con otros dirigentes, de distintos sectores de la industria. En el encuentro se acordó organizar una misión comercial al país vecino, que se realizará en marzo.
La propuesta interesó a empresas textiles argentinas, ahogadas por la caída del mercado interno y la competencia con importados; pero también llamó la atención de la industria de la máquina herramienta y del software, que llevaron representantes a la embajada paraguaya.
En Paraguay rige la Ley 7547/2025 también llamada Ley de Maquila, que promueve el establecimiento de industrias con el anzuelo de una serie de beneficios aduaneros y fiscales. Actualmente 40 empresas argentinas y unas 300 brasileñas están instaladas en Paraguay en el marco de la normativa.





