Antes de encarar su primera gira europea, Winona Riders vivió los días más intensos de su ya de por sí intensa historia. El 29 y 31 de octubre, el grupo estrenó en vivo (sin que el público lo supiera) su nuevo disco de estudio: Quiero que lo que yo te diga sea un arma en …
Hicimos este disco en un contexto del país muy jodido

Antes de encarar su primera gira europea, Winona Riders vivió los días más intensos de su ya de por sí intensa historia. El 29 y 31 de octubre, el grupo estrenó en vivo (sin que el público lo supiera) su nuevo disco de estudio: Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal, a través de dos recitales en Niceto Club. Si el primer show se distinguió por su lucidez, la secuela fue una oda a la narcosis. Unos días más tarde, el 2 de noviembre, se presentó en el festival Music Wins, en calidad de headliner nacional. Y el lunes siguiente, para coronar la maratón, compartió uno de los sideshows del evento, en la sala C Art Media, con Primal Scream: banda liderada por Bobby Gillespie, héroe musical y modelo al pensar el rock como cauce revolucionario, por más anacrónico y utópico que parezca en esta época.
“Queremos ser libres, queremos emborracharnos y queremos pasarla bien”, versa el actor Peter Fonda en la intro de «Loaded», himno de la banda escocesa que tomó ese sample del film The Wild Angels (1966). Y los de Morón, pese a que maduran rápido, aún tienen vaho a esa máxima. De hecho, Ariel Mirabal Nigrelli, cantante, compositor y guitarrista del sexteto, dice que en lo que más pensó en la antesala de su raid fue en la fecha junto a Gillespie & Cía. “Mi amor por esa banda es muy grande”, afirma el músico. “No sabía qué esperar, y terminó saliendo mejor de lo que soñé. Pudimos conectar, hablamos durante horas, me recomendó música y le regalé ocho pines de tópicos que toca en su libro (Tenement Kid). No fue un encuentro cholulo, porque no soy así, sino más bien orgánico”.
El primer match entre ambos sucedió mientras Winona Riders calentaba la previa de la performance del legendario grupo de Glasgow. “En el último tema, él se paró al lado del escenario y tuvimos un cruce de miradas mientras tocábamos”, evoca. “Y más tarde hablamos de todo. Incluso de The Jesus and Mary Chain (Gillespie fue baterista de esa agrupación en el disco Psychocandy, precursor del shoegazing, género que forma parte de la paleta de estilos de la banda argentina). También le pedí que me diera una devolución de nuestro recital, y le conté lo que me gusta de él. Me sorprende que haya sido tan abierto y delicado con nosotros, cuando no tenía necesidad. Lo mismo me pasó con Anton (se refiere al frontman de The Brian Jonestown Massacre), al punto de que comparte los flyers de los shows que hacemos”.

En esta vuelta a Buenos Aires, Gillespie se sorprendió al enterarse de que había una banda local a cuyos recitales asistían fans con remeras alusivas a su disco Screamadelica. Lo que nunca supuso es que terminaría generando con ellos el inicio de una sustanciosa amistad, lo que quedó registrado en la foto en la que se lo ve abrazado de Mirabal Nigrelli, y que, a su vez, ilustra la actuación de esa noche de Winona. Al día siguiente, desempolvando las viejas formas de la piratería, un anónimo colgó la grabación de ese show en el canal de YouTube “Loaded Loaded”. En el tracklist se puede leer que incluyeron tres canciones de Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal: «Sucios para jugar», que abre el flamante disco, al igual que «Hatso!» e «Hinchado y azul».
Al consultarle de qué manera el cuarto trabajo de estudio de su proyecto grupal engrana en el proceso que atraviesan actualmente, el cantante y guitarrista, fiel al imaginario que gira en torno a él, desconcierta al adelantar que ahora están concentrados en su siguiente álbum.
“El próximo será más heavy metal, un poco más pesado. Pero de eso hablaremos en el futuro”, sugiere. “No pensamos mucho en cómo lo nuevo puede estar conectado con lo que hicimos anteriormente. Simplemente nos dedicamos a hacer. En un mismo disco de una banda suele haber cosas similares. Somos nosotros jugando y repitiendo. Cuando nos guardamos para crear, a veces surge algo y a veces no. Con el tiempo, esto se va convirtiendo en la búsqueda de una postura”.
Desde el principio, Winona Riders se planteó hacer una suerte de trilogía constituida por un disco de techno, uno de dub y uno acústico. El primero vio la luz el año pasado, y lo titularon No hagas que me arrepienta, donde su rock dopamínico puso un pie en la pista de baile. Antes de pegar el volantazo, la banda decidió seguir adelante con su veta post-dance, aunque condimentada esta vez con psicodelia jamaiquina. “Ésta es una situación muy de estudio. Hacemos lo que podemos, desde lo que sabemos hacer. En este disco, cada uno estudió su instrumento y pedalera”, enfatiza. “El dub es una música que está muy presente en nosotros, incluso como filosofía. Lee Perry habla de un montón de maneras de ver el mundo, lo que podemos anclar con la forma de ver el mundo de Bobby. Está todo súper conectado, es un círculo”.

El ejercicio narrativo para este disco fue el mismo de siempre: abrir el cuaderno, estar con la oreja atenta y empezar a anotar. “En el día a día, la gente dice palabras y frases muy piolas. Lo mismo pasa con una película, un libro o un amigo”, sentencia Ariel. “Si no tengo el cuaderno, lo anoto en el celular y después lo paso. A la hora de hacer una canción, ése es un gran faro porque ya estás arrancando con el diseño de una frase o de una palabra que te suena bien. Está bueno el mensaje, obviamente. Pero tener estilo para elegir palabras es importante. Así como las cosas entran por los ojos, eso es más o menos lo mismo. En lo personal, quise ser un poco más crudo y también sigue un poco la lírica política, no tan directa, de lo que está pasando actualmente”.
De la misma forma que sus álbumes anteriores, lo nuevo del grupo es consecuencia de la situación del país. “Este disco no es un trip de escape. Nunca pretendimos hacer oídos sordos y mirar a otro lado, porque está todo jodido y porque no hay otra forma de solucionarlo que poniéndonos de acuerdo”, opina. “Hicimos este disco en un contexto del país muy jodido, donde aquello que vos creías que iba a durar poco, que era una situación de locura y de arrebato, está tomando tanta forma que se posicionó. Me parece que ya nadie sabe cuánto va a durar. Sí siento que éste es un disco de acompañamiento, por más que haya letras que, ante esa situación de evasión, te devuelven a la realidad. Te pone los pies en el asfalto. Por más que quisiéramos escapar, no podemos. Es imposible”.
Al mismo tiempo que tornó a la experimentación sonora en su identikit y a la producción discográfica en una experiencia expeditiva, la banda hizo de la performance una de sus marcas registradas. No sólo por la inhumana cantidad de recitales que hacen semanalmente, sino porque su show se volvió un laboratorio donde todo vale. Lo que los llevó a debutar en mayo de 2025 en el estadio Obras Sanitarias. “En vivo, nosotros somos amantes del vértigo y del sentimiento de poder cagarla en cualquier momento”, se sincera el artista. “Entonces tu cabeza funciona distinto. Por eso hay muchas zapadas, hay notas que salen mal y cosas que rinden mejor. Eso fue por lo orgánico, que es lo que te muestra humano. Así fuimos sumando pisos al edificio. Que esté bien o no lo que hacés, no es lo importante. El tema es que lo hagás con estilo”.

A contramano de la mayoría de los artistas argentinos de su generación, el sexteto se embarcó en una gira que comenzó el 20 de noviembre y concluirá el 2 de diciembre . Incluye ciudades como ciudades como Dublín, Londres, Copenhague y Berlín. “Tomando en cuenta que es la primera vez que iremos a Europa -la nota se realizó antes del viaje-, hacerlo gracias a la música es hermoso”, asiente. “Lo que más ilusión me hace es que nos conozca gente allá y que a su manera nos haga parte de su estilo de vida. Queremos conquistar corazones nuevos de otra realidad. Cuando fuimos a tocar a Brasil, que fue la primera vez que yo estuve en un lugar lleno de gente que habla otro idioma, el público le prestaba atención a otra cosa. A raíz de eso me enteré de que Soda Stereo nunca fue a tocar a Brasil. Estamos tan cerca, pero hay una barrera idiomática que se parece al Muro de Berlín”.
¿Cuándo?
Winona Riders presentará Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal el 19 de diciembre en Teatro Flores, Av. Rivadavia 7806 (CABA).
The Jesus and Mary Chain, el ruido y la salvación
“Volviendo del trabajo, me doy cuenta de que está todo mal. Estoy cansado y sólo quiero tocar. Mirando el piso, escuchando Jesus and Mary Chain, los días me ahogan y el ruido me salva”, versa «Sucios para jugar», canción que inaugura el tracklist de Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal, la nueva entrega de Winona Riders.
Más que una imagen, ese pasaje representa movimiento, amén de las alusiones. Es, en la obra de la banda, su «Sucio y desprolijo» (Pappo’s Blues) o quizás su «Sucia estrella» (Los Ratones Paranoicos). El sexteto consiguió hacer de la saturación de las guitarras y la ensoñación su propio «Danubio azul» (Johann Strauss).
Si en el disco predecesor, No hagas que me arrepienta, flirtearon con la música dance sin soltar las violas ni el ruido, ahora volvieron a la impronta seminal, pero con la huella marcada de quien ya pasó por el dance floor. Y de eso puede dar fe “Ah hey hey hey”, uno de los temas claves del álbum.
La gran novedad de su cuarto disco de estudio radica en su incursión en el dub. Si en «Hinchado y azul» se sumergen en la psicodelia jamaiquina, en «Hatso!» se atreven a empujarla a las fronteras del rock. Y vaya que les salió muy bien, tanto que conecta naturalmente con la expansión espacial de «Dejalo rodar», reforzado por el desencanto letárgico de «Viajando en el asiento de atrás», para luego groovear en «C.D.M.».

Sin embargo, es en «Dr Faim» donde ponen las violas a chillar, bajando un cambio a continuación con «En mi radar». El laburo creativo, que, además de Ariel Mirabal Nigrelli y Ricky Morales (el otro cantante y guitarrista), contó con la complicidad del percusionista Gabriel Torres Carabajal, se coronó con el chicherío pedalero en la notable «Ingrid Grudke».
A propósito de esta última canción, su autor es el baterista Francisco Cirillo. Parecía el «V.V.» del disco (hit inspirado en la vicepresidenta Victoria Villarroel, incluido en No hagas que me arrepienta), pero no tiene nada que ver, según confirma Mirabal Nigrelli, cuya banda despedirá el año el 19 de diciembre en Teatro Flores, tras un 2025 lleno de recitales de cuatro horas.
“El otro fue un mensaje claro, pero a Ingrid no le fuimos con esa bronca”, aclara. “Nos pareció un excelente nombre y remite a una época de la Argentina. De ahí viene la nostalgia”. En este álbum hicieron lo que “la cabeza dice y la mano quiere escribir”. “Este año estuve trabajando en un bar en Morón, cuando colgaba la capa de superhéroe”, ilustra. “Se cerró porque se pelearon los dueños. En ese contexto, junto con el cuaderno, hice mucho. De hecho, la frase ‘sucio para jugar’ surgió ahí, y así hay un montón”.
Quiero que lo que yo te diga sea un arma en tu arsenal Winona Riders
- “Sucios para jugar”.
- “Dr. Faim”.
- “En mi radar”.
- “Ingrid Grudke”.
- “Ah Hey Hey Hey”.
- “Hatso!”
- “Viajando en el asiento de atrás”.
- “Déjalo rodar”
- “C.D.M.”.
- “Hinchado y azul”.





