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La producción y el empleo, bajo amenaza

Respecto al nivel de actividad, el INDEC publicó este último martes las cifras de su Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a septiembre. Allí se observa una mejora interanual del 5%, así como un alza mensual del 0,5% para la serie sin estacionalidad. Este crecimiento implicaría que se alcanzó el trimestre de mayor actividad …


Respecto al nivel de actividad, el INDEC publicó este último martes las cifras de su Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a septiembre. Allí se observa una mejora interanual del 5%, así como un alza mensual del 0,5% para la serie sin estacionalidad. Este crecimiento implicaría que se alcanzó el trimestre de mayor actividad económica desde mediados de 2022.

El INDEC realizó una revisión al alza de los valores de julio y agosto, que fue superior a la que suele ser habitual, lo cual motivó algunas controversias que llevaron al organismo de estadísticas a emitir un comunicado aclaratorio.

Sin embargo, más llamativo es que estos valores tan optimistas convivan con una menor cantidad de asalariados privados registrados, así como con bajos salarios y con los datos de caída de consumo y pérdida del poder adquisitivo de las familias, que desarrollamos a continuación.

Un medio español especializado publicó una nota titulada: “Santander y BBVA toman medidas ante el mayor riesgo en Argentina”. Allí se afirma que “ambas entidades frenan la concesión de crédito para protegerse” y también buscan reducir costos. En el texto se alerta sobre los créditos morosos, que llevan a elevar las previsiones, y sobre la reducción de beneficios producto de “la mayor dificultad de los clientes para repagar los préstamos”. Mientras tanto, se privilegian los préstamos a empresas exportadoras en dólares y energéticas. Toda una postal de lo que ocurre en la economía real, tanto a nivel de empresas como de hogares.

Como suelo comentar, para analizar cómo está la economía no alcanzan los grandes números y se debe recurrir a “la micro”, indagar por la situación de las empresas que producen, de los comercios, o de las personas que tienen un empleo. Lo concreto es que hay una mayoría de la ciudadanía que está sufriendo el deterioro de su calidad de vida y se enfrenta con la cruda incertidumbre de si llegará a “fin de mes”.

Cuando una persona utiliza en un mes la tarjeta de crédito porque sus ingresos no le alcanzan para comprar alimentos, en el período siguiente entrará en mora con el banco y encima no podrá tomar nuevo crédito para poder consumir. Esto es lo que está reflejando en última instancia la nota del medio español. Si bien se refiere a dos bancos en concreto, en realidad es un comportamiento que podría generalizarse a casi todo el sistema financiero argentino.

Un indicador de qué está ocurriendo con el consumo masivo son las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas, que se encuentran en el nivel más bajo desde noviembre de 2023. En septiembre, en términos reales, fueron 12,5% menores a las de aquel mes.

Por su parte, con información a octubre, la Encuesta de Tendencia Manufacturera elaborada por el INDEC indaga, entre otras cuestiones, sobre el principal factor que limita la capacidad para aumentar la producción industrial. El 50,2% de las empresas respondió que es la “demanda interna insuficiente”, por encima del 43,5% relevado en enero de este año, cuando comenzó la encuesta. En tanto, el 10,6% señaló como causa a la competencia de productos importados. Seguramente este último porcentaje seguirá aumentando en siguientes relevamientos. En materia laboral, un 16,5% de los empresarios encuestados indicó que en los próximos tres meses el número de empleados en su firma descenderá (en enero este número era del 12,6%), mientras que sólo 3,4% señaló que espera un aumento (respecto del 7,4% en enero). Información que da cuenta del deterioro de las perspectivas, las cuales a su vez tienen impactos que ya se reflejan en decisiones concretas de inversión y empleo. ¿Qué economía buena es esa que hace perder puestos de trabajo?

Es más que evidente: en el marco de la apertura importadora actual muchas empresas ven más conveniente reducir la dimensión fabril y abastecer la (menor) demanda interna con importaciones (cuando no se reemplaza directamente a toda la producción). Un combo muy complicado, especialmente para las PyMEs y los trabajadores.

Al respecto, en la semana se conoció que la multinacional Whirlpool cierra su planta de Pilar y abandona la producción en Argentina. La decisión impacta sobre 220 trabajadores y marca un giro en la estrategia de la firma. A partir de ahora concentrará su operación en ventas y servicio. El establecimiento había sido montado en 2022 y requirió de una inversión de 52 millones de dólares. Era otro contexto, con otras políticas por parte del Estado Nacional, que señalizaban el intento de fortalecer el poder adquisitivo y el mercado interno, protegiendo a su vez a la industria del ingreso de importaciones.

Por su parte, también se supo que la empresa DBT (Cramaco) despidió a 37 trabajadores en la localidad de Sastre, Santa Fe, y anunció que abandonará la producción local de alternadores y grupos electrógenos para reconvertirse en una distribuidora de equipos importados desde China. Todos los días se presentan noticias como ésta.

Cuando cierra una empresa y se despiden trabajadores, en términos generales, se registra una destrucción de capacidades productivas y se da toda una serie de cambios cualitativos que no suelen ser recogidos por las grandes estadísticas macroeconómicas. Ocurre por ejemplo cuando un puesto en relación de dependencia pasa a ser de la modalidad “independiente”. En este caso, el total del empleo en la economía puede no cambiar, pero sí su composición, transitando hacia una modalidad más precarizada, con menores ingresos y derechos.

En una economía que tiende a comprimirse, podrá haber unas pocas empresas con un horizonte de mayor solvencia, como las del sector agropecuario. También las extractivas, que tienen exiguo derrame en términos de empleo, además de poseer grandes exenciones y beneficios, como es el caso de las que participan del RIGI. Toda una postal de las prioridades y del modelo de país que se pretende instalar, insostenible por donde se lo mire.

Los incentivos que entrega el modelo apuntan a la conformación de una economía basada en el extractivismo y apalancada en el endeudamiento y las finanzas. Lejos de toda sostenibilidad en términos de los pocos empleos que genera, la salida de divisas y el riesgo para el medio ambiente.

Esta semana, el ministro de Economía, Luis Caputo, negó que exista un tipo de cambio atrasado y apeló al fuerte incremento de las cantidades exportadas. Nada dijo de la evolución de las importaciones, que estuvieron muy por encima de las ventas externas, datos que abordé en mi anterior columna.

Para incentivar la producción y el empleo se precisa proteger el mercado interno y los ingresos de la población, con políticas activas aplicadas por el Estado Nacional. Es lo contrario de avanzar con la desregulación, la apertura, y las reformas estructurales que persigue el gobierno. Después de todo, las políticas activas son utilizadas por países como Estados Unidos, el ejemplo a seguir —paradójicamente— según el presidente Javier Milei



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