La contradicción —o la amplitud de criterios, según cómo se lo mire— es lo habitual en Cannes. Uno puede cerrar la noche viendo un riguroso drama de un célebre cineasta ucraniano sobre los presos políticos en la Unión Soviética estalinista, y a la mañana siguiente despertar temprano para escuchar, en una sala llena, los acordes …









